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domingo, 30 de noviembre de 2008

crisis suramericana

En medio del desplome financiero generado por la crisis inmobiliaria gringa, la mayoría de países ya adoptaron medidas pertinentes conforme a sus especiales casos de vulnerabilidad, sea inyectando capital a sus empresas emblemáticas o diversificando inversiones. Sin embargo muchas compañías han quebrado y otras despiden miles de empleados al tiempo que cae en picada el precio de sus acciones en bolsa. El horizonte es desalentador.

Y es precisamente por este clima de inestabilidad, que resulta sorprendente y grato ver cómo ésta situación realmente crítica, algunos países suramericanos las han tornado en coyunturas interesantes y se hacen atractivos y confiables depositarios del nervioso capital que en estos días huye del riesgo. Países como Chile, Colombia y Perú apostaron con expectativa de crecimiento y mucha tranquilidad a los tratados de libre comercio y acuerdos de cooperación bi y multilaterales con las grandes ligas del comercio mundial.

El caso Perú, por ejemplo, es impresionante. Su Presiente exhibe excelentes resultados de crecimiento un económico de 9% y fungió hace unos días como anfitrión de uno de los bloques regionales y comerciales más importantes del mundo, APEC, en su disertación en la cumbre definió la crisis como algo consumado, por lo que instó a asumir desde ya la postcrisis, siempre que la alteración de los mercados, se globalizó y absorbió, como acción directa de los medios de comunicación que la hizo extensiva a todos los países, por lo que sugirió mirar más allá y tomar medidas a mediano plazo.

Vemos así que para algunos, la escena actual más que desoladora resulta un espacio inquietante para probar otras opciones económicas y ocasión feliz para procurar el ingreso al club de países con economías emergentes, entendiendo éstos como aquellos que no han pensado disminuir su producción, sino seguir colonizando al mundo con productos y posicionarse como verdaderas marcas registradas, símbolos de calidad, persistencia y visión.

Pero no todo es tan fácil en este exótico ambiente suramericano, puesto otros han interpretado el escenario a la inversa: Apocalíptico. Pero acertarán? Habrá que verlo…En el eje de izquierda de Ecuador, Venezuela y Bolivia, los Jefes de Estado recibieron esta indeseable coyuntura con una diatriba contra los gringos como directos responsables, y antes de abordarla se apresuraron a profetizar el fin del capitalismo y la economía de mercado.

Asumir así la crisis financiera vuelve la perspectiva a futuro mucho más complicada, porque es un trance sin posibilidad de cambio, a menos que se adoptara en todo el quimérico socialismo del siglo XXI, cuyos misteriosos postulados no admiten la globalización del intercambio comercial, porque juzgan que aumenta la pobreza en nuestros países, pero que alienta la globalización del armamentismo con Irán, Rusia y China.

Al estar en desacuerdo con la economía de mercado, el Presidente Hugo Chávez grito a voz en cuello al inicio de la crisis que ésta ni rozaría Venezuela porque sus reservas en dólares eran mínimas, sus ingresos son petroleros y su estructura económica lo suficientemente sólida para soportar el efecto dominó que se origino en los Estados Unidos. Alardeó que la crisis no les afectaría en pleno septiembre y quien lo diría….en octubre lo aceptó públicamente ya en noviembre convocó al ALBA en Caracas, para pronunciarse acerca de la crisis que no los “afectó”.

Pero será cierto que no les afecta la crisis? Difícil de creer, y más cuando vemos cada día los líos de los socios suramericanos del ALBA. En Venezuela la baja del petróleo ha menguado los decibeles en el discurso de Hugo Chávez, quien desde Caracas exhortó la emisión de una moneda única en Latinoamérica para hacer contrapeso al dólar. Ecuador rehúsa pagar deuda externa a Brasil por motivos de ilegalidad, ilegitimidad y corrupción, (no comprobadas aún) pero el motivo velado podría ser una cesación de pagos, cosa que alerta sus demás acreedores e incluso a los otros deudores pobres de Brasil, porque eventualmente podrían acogerse a auditorias internacionales por la misma causa. Bolivia por su parte, no puede estar peor. Confunde soberanía con aislamiento comercial: Saca despavoridas a las firmas extranjeras de su territorio, pierde beneficios del ATPDEA, y la oportunidad de nuevos mercados en Europa por no querer negociar en bloque con la CAN, todo esto en medio de intrincados problemas políticos y de orden público, no vislumbran una solución a corto plazo.

De modo que en Suramérica coexisten dos posiciones para enfrentar la crisis: Mientras unos están interesados en revivir el glosario ochentero de la guerra fría y discutir si esta realidad es multipolar o no lo es, otros usan ésta crisis para posicionarse y lograr más acuerdos de cooperación, a fin de repartirse entre menos proveedores un mercado ansioso de consumir.

Y estos casos se dan en todos los ámbitos, como simple anécdota está el caso de John Paulson, inversionista audaz, que aprovecha los satanizados bonos subprime que ya no constituyen riesgo alguno sino una pérdida comprobada y por lo tanto están al más irrisorio precio del mercado, y como gestor de fondos Hedge, hará una interesante inversión. Paulson piensa que a raíz de la crisis hipotecaria, estos títulos están tan desprestigiados que cotizan a precio de oferta. De modo que todo aquel que ahorró podrá adquirir títulos muy baratos. Es una breve lección de que las crisis constituyen oportunidades para visionarios. Así pues, también me uno al coro de optimistas que ven en éste el mejor momento para entrar a competir, a ofertar, a solidificar monedas y armonizar de forma diferente los poderes.

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